martes, 8 de junio de 2010

ALEXANDRA

Publicado por Pupusa en 1:24
A la mañana siguiente, después de disfrutar la salida del sol y el majestuoso lago azul turquesa rodeado de hermosas montañas, nos dirijimos a Alexandra, situada a tan solo 30 kilometros al este de Cromwell.

Mientras tomábamos un café caliente para complementar nuestro desayuno, nos informamos sobre la ciudad que nos cobijaba.



Alexandra es un pequeño pueblito situado en la región de Central Otago, en la Isla del Sur de Nueva Zelanda, con una población de 5000 habitantes, que se cuatriplica durante el verano con la gente que labora en la cosecha de fruto como chabacanos, duraznos, cerezas, manzanas y uvas, y en la elaboración del vino cuya producción es bastante abundante en la región.

Alex, como sus habitantes acostumbran llamarle, es un excelente lugar para visitar las cuatro estaciones del año siendo su principal atracción los caminos y rutasnpara recorrer en bicicleta, a caballo o caminando; excelente para disfrutar de la naturaleza y encontrar verdaderos momentos de paz.

Es en Nueva Zelanda el lugar más cálido durante el verano (enero y febrero) con temperaturas de hasta 38 grados celcius y luz del día hasta las 9:30pm, y el más frío durante el invierno (julio y agosto), con temperaturas de hasta menos 6 grados. Además de ser el lugar en donde menos llueve y en donde menos viento sopla.”



Después de ampliar nuestra cultura y asearnos en los baños públicos, nos dirigimos a la oficina de Seasonal Solutions, empresa que contactamos por internet y que nos ofreció tramitar nuestro permiso de trabajo temporal por la módica cantidad de $200NZ más los $200NZ por el pago de derechos. (por cada uno) … queeeeeeeeeeee!!!

Entramos, saludamos, y en menos de 5 minutos ya estabamos afuera. Nos dijeron que no podían tramitar nuestro permiso porque había sido un mal año para Nueva Zelanda por la crisis mundial y ya había mucha gente por ahí en busca de empleo, incluso kiwis (nativos de NZ), y que antes de realizar nuevos trámites, ellos tenían preferencia.

La pregunta entonces fue: Porqué nos hicieron venir hasta este lugar? Y la respuesta entonces fue: Lo siento, no puedo ayudarlos!!

mmm

Estábamos desmoralizados, todo lo que hicimos para viajar hasta Alexandra para que nisiquiera anotaran nuestro nombre en la lista de espera!

Con ese mal sentimiento pasamos sentados en el jardín las siguientes dos horas, hasta que decidimos cambiar nuestro día y disfrutar de nuestro viaje; a fin de cuentas no todo era malo, teníamos dos nuevos amigos esperando por nosotros y con los que pasearíamos gratis los siguientes dos días.

Esa tarde caminamos a la orilla del río de Alexandra en dirección a Clyde, un pequeño pueblito situado a 11 kilometros de Alex y que representa a los pioneros de los años 1860´s, provenientes de Inglaterra en busca de nuevos territorios y sobre todo de oro.

No llegamos hasta allí porque comenzaba a hacerse tarde pero el tramo que recorrimos fue verdaderamente espectacular. Un camino lleno de veredas al lado del río habilitado para caminar o andarlo en bicicleta disfrutando de la naturaleza. No soplaba viento y hacía mucho calor; era el momento perfecto para calentar nuestro cuarpo después del largo viaje en el cabrio congelador.

Después de caminar aproximadamente una hora, nos sentamos a la orilla del río a disfrutar del calor, a refrescarnos en la transparente y porsupuesto super fría agua que corría a nuestros piés y a compartir los deliciosos chocolates, galletas y frutos que habíamos llevado para el camino.




De regreso pasamos al supermercado, compramos víveres y buscamos un nuevo lugar para acampar; esta vez a orillas del río Clutha, frente al pueblito Clyde.

Ya lo estabamos disfrutando; hicimos una buena fogata, teníamos nuevos amigos, cena, vino y una buena conversación pues a todos nos gustaba lo mismo: viajes, naturaleza, paz!

A la mañana siguiente Marc y Gaby rentaron unas bicicletas y se dispusieron a hacer el recorrido de 45 kilometros a lo largo de lo que antes era el camino del tren. Como nuestro plan era economizar, decidimos esperarlos conociendo la ciudad de Alexandra. Recorrimos el museo y algunas de las calles principales... a decir verdad, casi todas pues estabamos en el pueblito de apenas 20 calles, ja!

Encontramos un árbol de manzanas y cortamos todas las que pudimos; estaban super dulces y jugosas.


Al atardecer, antes de la puesta del sol, estabamos exhaustos, sentados en la banqueta esperando a los que se habían ido al paseo en bicicleta; acamparíamos por ahí un día más para regresar al día siguiente Christchurch, a continuar con nuestra búsqueda.

Como los chicos no llegaban pronto, nos agarró la nostalgia; comenzamos a pensar nuevamente en lo mal que nos trataron los consultantes migratorios, nos preguntabamos si otros chicos, al igual que nosotros habían recorrido largos caminos para llegar hasta Alex y habían recibido también un portazo!

Comenzamos a deprimirnos, necesitábamos cambiar nuestro estado de ánimo hacia algo postivo así que alguno de nosotros tomó la palabra y dijo:

Porqué no en lugar de estar aquí sentados tan solo esperando mejor vamos a conocer el hostal que está a dos cuadras de aquí. Como sea estamos viajando, estamos conociendo y estamos juntos, no es así? Así que vamos a encontrar el lado positivo de este viaje!

Caminamos hasta el hostal disfrutando de todo lo que había a nuestro alrededor, pero sobre todo de lo afortunados que somos por tener la posibilidad de conocer otro país aunque las cosas no se presenten de la manera en que deseamos; ahí encontramos al ángel que iluminó nuestro día y nos devolvió la esperanza! Sí, la dueña del hostal, al escuchar nuestra historia, se conmovió tanto que nos dió una lista de viñedos a los que podíamos llamar para preguntar por trabajo y también nos facilitó su teléfono. Nos tomó una hora y media llamar a todos lo números, pero esas llamadas nos devolvieron el espíritu de lucha y la sonrisa que al parecer habíamos perdido.


Regresamos contentos al encuentro de nuestros nuevos amigos, quienes regresaron exhaustos del tour en bicicleta. Nuevamente compramos víveres y regresamos al lugar en donde habíamos acampado la noche anterior.

Hicimos nuestra fogata, disfrutamos de la compañía, escuchamos nuevas historias y compartimos las nuestra. Esta vez la noche nos cobijaba cubierta de maravillosas estrellas. Constelaciones que nunca en vida había visto; ahí no estaba la osa mayor, la menor ni nada de lo que aprendemos de pequeños. Estas constelaciones eran diferentes y yo no me cansaba de preguntarme porqué... buscaba mis estrellas desde diferentes posiciones, desde diferentes ángulos; entonces recordé que me encontraba del otro lado del mundo y que las estrellas que se pueden apreciar desde el polo sur, definitivamente no son las mismas que se aprecian desde el polo norte.

Quizá suena lógico, pero yo nunca me había detenido a pensarlo. Con ese asombro me dispuse a dormir. No cabe duda que siempre se aprende algo nuevo.



Y fue así como al día siguiente dejamos Alexandra y retornamos a Christchurch con nuevas esperanzas, con nuevas enseñanzas, pero sobre todo con nuevas experiencias.



Esta historia continuará...  sigue el blog!

1 comentarios:

Unknown on 8 de junio de 2010 a las 9:57 dijo...

Que increible aventura. Disfruten y espero encuentren pronto el tesoro.

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